Muchas personas sienten que el cigarrillo les ayuda con el estrés o la ansiedad. Pero lo que realmente está pasando en el cerebro es otra cosa. Cuando los niveles de nicotina bajan en el cuerpo, aparecen síntomas de abstinencia: irritabilidad, nerviosismo o ansiedad. Al fumar de nuevo, ese malestar desaparece… y parece que el cigarrillo “relaja”, pero en realidad lo que hace es aliviar el malestar que la propia nicotina generó al desaparecer.
Por eso, el verdadero reto no es el cigarrillo, sino aprender a gestionar el estrés real sin recurrir al tabaco.