Un episodio psicótico implica perder parcialmente la capacidad de distinguir qué es real y qué no. Pueden aparecer alucinaciones, ideas delirantes o una sensación de que la realidad se distorsiona.
Nuestro cerebro no “graba” el mundo como una cámara. La realidad que percibimos depende del equilibrio entre redes neuronales y neurotransmisores. Cuando algunas drogas alteran bruscamente ese equilibrio, la forma en que interpretamos lo que ocurre puede cambiar radicalmente.
No todas las personas tienen el mismo riesgo. Hay factores biológicos y genéticos que pueden hacer a alguien más vulnerable a desarrollar estos episodios. Entender cómo actúan estas sustancias también es entender cómo funciona nuestro cerebro.