Existen las adicciones comportamentales, como el juego o las apuestas. En estos casos, el cerebro muestra cambios muy similares a los de las adicciones a sustancias: se altera el sistema de recompensa, aumenta la necesidad de repetir la conducta y aparece una pérdida de control. Por eso, la persona puede seguir apostando incluso cuando ya hay consecuencias graves: problemas familiares, laborales o deudas.
Que no haya sustancia no significa que no haya adicción.
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