Tiene dos componentes principales:
CBD, con posibles usos terapéuticos (y también limitaciones).
THC, responsable del “colocón”… pero también de mareos, bajadas de tensión y pérdida de control.
El THC puede afectar a la salud mental, al aprendizaje y aumentar el riesgo de dependencia, especialmente con consumos frecuentes. Además, el cannabis actual contiene mucho más THC que hace décadas, lo que incrementa ese riesgo. El cuerpo y la mente se adaptan al consumo, y por eso dejarlo no siempre es tan fácil. De hecho, 1 de cada 10 personas desarrolla dependencia, y si el consumo es diario, el riesgo sube a 1 de cada 3.