El cannabis actual contiene, de media, concentraciones mucho más altas de THC, el principal componente responsable de sus efectos psicoactivos. Y esto cambia su perfil de riesgo.
A mayor concentración de THC, mayor probabilidad de experimentar ansiedad, pánico, taquicardia, paranoia o incluso síntomas psicóticos durante la intoxicación. Además, cuando el consumo es frecuente, especialmente a diario, los productos con alta potencia se han asociado a un mayor riesgo de dependencia y problemas de salud mental.
Esto no significa que todas las personas vayan a sufrir estas consecuencias, pero sí que el riesgo aumenta. Y no depende solo del THC: también influyen la dosis, la frecuencia de consumo, la edad de inicio y la vulnerabilidad de cada persona.