El tabaco sigue siendo la principal causa de muerte prevenible en el mundo. Y aun así, la mayoría de personas que fuman quieren dejarlo. La clave está en la nicotina: llega al cerebro en segundos y activa el sistema de recompensa, generando alivio y placer… pero con el tiempo, el consumo deja de ser por gusto y pasa a ser para evitar el malestar. Además, no todo es biología: Ver tabaco en redes o pantallas influye, especialmente en jóvenes, asociándolo a estética o rebeldía. Por eso, más allá de la polémica, la pregunta es: ¿dónde está el límite entre la libertad individual y el impacto que tiene lo que mostramos?