Al inhalarse, la cocaína irrita y daña la mucosa de la nariz, y con el tiempo puede provocar lesiones graves, incluida la perforación del tabique. Pero la nariz no es el único órgano afectado. La cocaína es vasoconstrictora: aumenta la tensión arterial y la frecuencia cardíaca, y puede provocar infartos o ictus incluso en personas jóvenes.
También puede afectar al cerebro, causando convulsiones y problemas de memoria y atención. Si además se fuma, el daño pulmonar puede ser importante. Más allá de los efectos psicológicos, la cocaína conlleva riesgos físicos graves, algunos visibles y otros que pueden poner en peligro la vida.