Un estudio en ratas observó que el consumo intermitente de alcohol durante la adolescencia debilita ciertas estructuras del cerebro llamadas redes perineuronales, que actúan como una especie de “malla protectora” de las neuronas del hipocampo, una zona clave para la memoria. Este efecto fue más marcado en los machos, mientras que en las hembras se observaron cambios distintos, lo que sugiere que el alcohol puede afectar de forma diferente según el sexo.
En conjunto, los resultados indican que empezar a beber demasiado pronto puede hacer al cerebro en desarrollo más vulnerable.