El alcohol es un depresor y la cafeína un estimulante y, al combinarlos, puedes sentirte más despierto de lo que realmente estás, creando una falsa sensación de control que hace que muchas personas beban más de lo previsto. Además, el sabor dulce, el gas y el azúcar hacen que el alcohol entre más suave, lo que facilita consumir más cantidad en menos tiempo.
Esta mezcla puede aumentar el riesgo de intoxicación, ansiedad, palpitaciones, deshidratación e incluso problemas cardiovasculares.
Si aun así decides consumir, reduce riesgos: alterna con agua, come antes y nunca conduzcas.