1. Retrasar lo máximo posible el primer cigarrillo del día
2. Fijar un número máximo de cigarrillos diarios
Esto ayuda a tomar conciencia de cuándo y por qué fumas, además de poner atención en aquellos momentos en los que puedes probar alternativas.
Eso sí, mantener la reducción a largo plazo puede ser difícil. Por eso, esta etapa también puede servir para observar tu relación con el tabaco, entender qué papel tiene en tu rutina y plantearte, sin presión, qué cambios te gustaría hacer más adelante.