Desde el ámbito profesional se insiste en algo clave: legal no es sinónimo de seguro. El riesgo depende de cómo actúa la sustancia en el cuerpo y de cómo se consume, no de si puede venderse o no.
Además, el llamado “consumo responsable” muchas veces desplaza la responsabilidad a la persona, dejando en segundo plano el peso de la publicidad y el marketing.