Con el tiempo, el cerebro se acostumbra y ya no se busca placer al consumir, sino evitar el malestar de no hacerlo. Cuando falta la sustancia, se activa una señal de alarma que provoca ansiedad, irritabilidad y mal cuerpo. Por eso, la adicción no es falta de ganas: es una enfermedad y necesita tratamiento y apoyo.
Si tú o alguien cercano está pasando por esto, no estás solo. Pedir ayuda es el primer paso. En la web de la RIAPAd encontrarás recursos para empezar.